"Amador, soy Diego". Después de varios intentos frustrados, el mejor polista del mundo lograba que el español lo atendiese. Esa musiquita había sonado muchas veces sin que el botón verde diera el Ok. Fueron unos cinco, quizá seis intentos. Pero llegó el momento de responder...
-Sí Diego, chabal. ¿Qué te pasa?
-Ya te enteraste...
-Sí. El mundo es un pañuelo y el polo es un pedacito de servilleta.
-Bueno, la oferta de Totti fue mucho mejor.
-Eso se llama traición. No tenés códigos, chabal.
-Si empezamos a hablar de códigos, de principios, de valores... Estaríamos horas y horas. ¿Quién los tiene en este mundo?
-Yo.
-¿Vos? ¡Jajajajaja!
-¿De qué te ríes, gilipollas?
-Todos saben lo que hiciste con la novia de Totti, con el petisero Pérez, en el remate de ayer...
-Diego, chaval, te voy a explicar como funciona esto de vivir. Yo no le di mi palabra a Totti sobre lo que haría o con su novia; ni la di en los negocios; ni con los petiseros; ni con los caballos. Hasta ahí es la ley de mercado, la de la selva. Pero hay una ley no escrita, mejor dicho, escrita con la hombría de cada uno, que es la de la palabra. Tu me diste tu palabra, y esa es la diferencia. Cuando uno da su palabra, debería valer más cualquier firma. Pero parece, chavalito, que para tí no es así.
-Lo que pasa es que... ¿Me cortaste?
Efectivamente, Amador había apretado el botón rojo. Y de inmediato, llamó a Juancito. "La vida sigue. No podemos detenernos. ¿A quién contratamos".
jueves, 21 de mayo de 2009
viernes, 15 de mayo de 2009
Polo deshuesado, capítulo 5
La mañana siguiente, Amador abrió los ojos a las 10, con la musiquita de El Golpe de su teléfono celular. Una hora antes, su brazo derecho había golpeado el despertador que yacía muerto en el piso. Luz, que no toma alcohol porque la apaga, estaba como siempre a esta hora en el gimnasio, rodeada de una decena de hombres desbordantes de testosterona que nunca le sacan los ojos de encima. Eso la enciende.
El español todavía mostraba cierta resaca después de una noche a puro festejo por la llegada de la yegua Estrella a su escudería. Hubo un asado para 10 acompañado de buen vino, sobremesa de licor, y sesión de sexo con mezcla de tragos varios. Mucho alcohol en pocas horas. Demasiado.
Su instinto matinal lo llevó a una decisión: era no atender el teléfono. Por suerte no hubo más musiquita. Quien sea que fuese que estaba del otro lado, cedió en su intento. Mejor. Un poquito más de remoloneo, pensó el español, mientras repetía una y otra vez en su boca los brebajes de la noche anterior. Pensó en un tomar un digestivo, pero antes, un paso previo: llamar a Juan, su mano derecha, el que le guía en el polo desde siempre, el que le aconsejó comprar a Estrella y cómo contratar a Diego, el mejor polista del mundo, para el próximo torneo, al precio que fuese necesario.
“Juan, querido. ¡Qué buen asado nos comimos anoche! ¡Y que linda tu nueva novia! Tranquilo, tranquilo, no te la voy a robar”. Juan quería interrumpir: “Amador, tenemos que hablar de otra cosa…”. Nunca llegaba a terminar la frase. “Que yegua compramos, Juancito. Tres chukkers puede jugar. Es una máquina”. El español exageraba pues el equino no tenía tal calidad. Pero la victoria ante Totti lo hacía sentir semejante euforia. “Amador, escuchame”, intentó una vez más. “Pero Juancito, ¿qué pasa que no festejas? ¡Hay que festejar! ¡Ya ganamos! ¡Somos invencibles!”. “Espera, Amador. Me enteré que Diego no va a jugar con nosotros. Parece que el maldito italiano le ofreció más plata…”
El español quedó mudo. No dijo nada más. Apagó el teléfono y sentó en la cama mirando la nada. Estuvo así varios minutos. Hasta que recibió una llamada y el sonido lo volvió a la realidad. No tenía ganas de hablar con nadie. Miró el identificador de llamadas. Era Diego. Sonaba todavía la musiquita de El Golpe.
El español todavía mostraba cierta resaca después de una noche a puro festejo por la llegada de la yegua Estrella a su escudería. Hubo un asado para 10 acompañado de buen vino, sobremesa de licor, y sesión de sexo con mezcla de tragos varios. Mucho alcohol en pocas horas. Demasiado.
Su instinto matinal lo llevó a una decisión: era no atender el teléfono. Por suerte no hubo más musiquita. Quien sea que fuese que estaba del otro lado, cedió en su intento. Mejor. Un poquito más de remoloneo, pensó el español, mientras repetía una y otra vez en su boca los brebajes de la noche anterior. Pensó en un tomar un digestivo, pero antes, un paso previo: llamar a Juan, su mano derecha, el que le guía en el polo desde siempre, el que le aconsejó comprar a Estrella y cómo contratar a Diego, el mejor polista del mundo, para el próximo torneo, al precio que fuese necesario.
“Juan, querido. ¡Qué buen asado nos comimos anoche! ¡Y que linda tu nueva novia! Tranquilo, tranquilo, no te la voy a robar”. Juan quería interrumpir: “Amador, tenemos que hablar de otra cosa…”. Nunca llegaba a terminar la frase. “Que yegua compramos, Juancito. Tres chukkers puede jugar. Es una máquina”. El español exageraba pues el equino no tenía tal calidad. Pero la victoria ante Totti lo hacía sentir semejante euforia. “Amador, escuchame”, intentó una vez más. “Pero Juancito, ¿qué pasa que no festejas? ¡Hay que festejar! ¡Ya ganamos! ¡Somos invencibles!”. “Espera, Amador. Me enteré que Diego no va a jugar con nosotros. Parece que el maldito italiano le ofreció más plata…”
El español quedó mudo. No dijo nada más. Apagó el teléfono y sentó en la cama mirando la nada. Estuvo así varios minutos. Hasta que recibió una llamada y el sonido lo volvió a la realidad. No tenía ganas de hablar con nadie. Miró el identificador de llamadas. Era Diego. Sonaba todavía la musiquita de El Golpe.
jueves, 7 de mayo de 2009
Polo deshuesado, capítulo 4
De aquella historia de Palermo a este presente del remate en Pilar pasaron dos primaveras. Luz era hermosa. Ahora lo es más. Brisa, la nueva conquista de Alessandro, es otro regalo de la naturaleza a la vista.
“Te felicito”. Los caballeros no niegan los saludos. Totti tragó saliva, se paró, caminó los cinco metros que lo separaban de Amador, y estrechó su mano. La escena era contradictoria. Cinco minutos antes habían competido por una yegua. Antes, tantas veces antes, lo habían hecho en la cancha, en los negocios y hasta en las amantes de turno. Tanta cordialidad llama la atención. “Gracias”, respondió el español, e intencionalmente volvió a abrazar a Luz para darle un beso digno de telenovela.
Alessandro pareció imperturbable. No sintió el golpe… ¿No sintió el golpe? Imposible decirlo en ese instante. Hay golpes que duelen en el momento, otros que apenas se sienten en el instante y marcan con el tiempo. Esos son los más fuertes.
Totti miró a Brisa, que resoplaba por la derrota en el remate, y le dijo: “Vamos, principesca”. Le gustaba llamarla así, aunque su forma y su estilo estaban demasiado lejos de la realeza. Menos refinada que Luz, podía desafiar a su antecesora en ver quien llamaba más la atención con un generoso escote. Y Brisa tenía el viento a favor… Totti notó el mal humor de su principesca, y le susurró: “Tranquila, ganaremos”.A unos 50 metros, mientras seguía entre felicitación y felicitación, Amador sintió vibrar su teléfono celular. Tardó unos segundos en atender, y entonces siguió la musiquita de El Golpe que no casualmente escogió como ringtone. Leyó el número en la pantalla y saludó efusivamente: “Diego, ¡amigo mío! Hoy es un día de fiesta”. Diego, el mejor polista del mundo, podía arruinarle el día de fiesta con dos letras. Pero calló. “Me alegró por vos…”.
“Te felicito”. Los caballeros no niegan los saludos. Totti tragó saliva, se paró, caminó los cinco metros que lo separaban de Amador, y estrechó su mano. La escena era contradictoria. Cinco minutos antes habían competido por una yegua. Antes, tantas veces antes, lo habían hecho en la cancha, en los negocios y hasta en las amantes de turno. Tanta cordialidad llama la atención. “Gracias”, respondió el español, e intencionalmente volvió a abrazar a Luz para darle un beso digno de telenovela.
Alessandro pareció imperturbable. No sintió el golpe… ¿No sintió el golpe? Imposible decirlo en ese instante. Hay golpes que duelen en el momento, otros que apenas se sienten en el instante y marcan con el tiempo. Esos son los más fuertes.
Totti miró a Brisa, que resoplaba por la derrota en el remate, y le dijo: “Vamos, principesca”. Le gustaba llamarla así, aunque su forma y su estilo estaban demasiado lejos de la realeza. Menos refinada que Luz, podía desafiar a su antecesora en ver quien llamaba más la atención con un generoso escote. Y Brisa tenía el viento a favor… Totti notó el mal humor de su principesca, y le susurró: “Tranquila, ganaremos”.A unos 50 metros, mientras seguía entre felicitación y felicitación, Amador sintió vibrar su teléfono celular. Tardó unos segundos en atender, y entonces siguió la musiquita de El Golpe que no casualmente escogió como ringtone. Leyó el número en la pantalla y saludó efusivamente: “Diego, ¡amigo mío! Hoy es un día de fiesta”. Diego, el mejor polista del mundo, podía arruinarle el día de fiesta con dos letras. Pero calló. “Me alegró por vos…”.
miércoles, 29 de abril de 2009
Polo deshuesado, Capítulo 3
No había mucha gente aquella tarde en Palermo, en la semi del mediano handicap. El grupo de siempre en la tribuna, es decir un puñadito, y el grupo de trabajo de cada equipo en los palenques. Para los que prestaron atención, la escena resultó inolvidable. Toda la escena.
Totti, después del pechazo, tocó la bocha con lo justo. La redondita corrió rumbo a un mimbre y le pasó a centímetros, por el lado de adentro. El italiano gritó el gol del triunfo como si fuese la final del Argentino Abierto. Sus colaboradores, por inercia, también. De todos Luz, entonces su novia, fue la más efusiva: gritos, saltos y revoleo de gorra.
Esa imagen impactaba: toda su rubia anatomía de 170 centímetros desplegada en una euforia electrizante y salvaje. Pura belleza. Hubo quienes siguieron la bocha, otros a Totti, y varios a la mujer y sus curvas. Y hubo, también, dos petiseros que siguieron a Amador. Vieron, entonces, como su rostro de bronca deportiva mutaba por un gesto de codicia. Sí, a veces la codicia se lee en la cara. En ese instante el español, sabiéndose derrotado por su enemigo, empezó a jugar otro partido. Desde lo alto de su caballo, clavó los ojos en aquella mujer, esbozó una pequeña pero insinuante sonrisa, y cerró y abrió su ojo izquierdo con la velocidad de un relámpago.
Luz, astuta y conocedora de todos los manuales del juego de seducción, supo de inmediato de que se trataba. Y, sutil, sonrió apenas, con delicadeza, parte por agradecimiento, parte para abrir la puerta a una historia que ninguno sabe como empezaba ni en que podía terminar.
Hoy Beto, uno de los petiseros que vio esa escena, vive en Holanda como capitán del club más importante de polo en Amsterdam. Nadie sabe cómo consiguió los fondos para comenzar su nueva vida. El Negro, el otro petisero, se mudó del palenque italiano al español por varios miles…
Totti, después del pechazo, tocó la bocha con lo justo. La redondita corrió rumbo a un mimbre y le pasó a centímetros, por el lado de adentro. El italiano gritó el gol del triunfo como si fuese la final del Argentino Abierto. Sus colaboradores, por inercia, también. De todos Luz, entonces su novia, fue la más efusiva: gritos, saltos y revoleo de gorra.
Esa imagen impactaba: toda su rubia anatomía de 170 centímetros desplegada en una euforia electrizante y salvaje. Pura belleza. Hubo quienes siguieron la bocha, otros a Totti, y varios a la mujer y sus curvas. Y hubo, también, dos petiseros que siguieron a Amador. Vieron, entonces, como su rostro de bronca deportiva mutaba por un gesto de codicia. Sí, a veces la codicia se lee en la cara. En ese instante el español, sabiéndose derrotado por su enemigo, empezó a jugar otro partido. Desde lo alto de su caballo, clavó los ojos en aquella mujer, esbozó una pequeña pero insinuante sonrisa, y cerró y abrió su ojo izquierdo con la velocidad de un relámpago.
Luz, astuta y conocedora de todos los manuales del juego de seducción, supo de inmediato de que se trataba. Y, sutil, sonrió apenas, con delicadeza, parte por agradecimiento, parte para abrir la puerta a una historia que ninguno sabe como empezaba ni en que podía terminar.
Hoy Beto, uno de los petiseros que vio esa escena, vive en Holanda como capitán del club más importante de polo en Amsterdam. Nadie sabe cómo consiguió los fondos para comenzar su nueva vida. El Negro, el otro petisero, se mudó del palenque italiano al español por varios miles…
jueves, 23 de abril de 2009
Polo deshuesado, Capítulo 2
Juan Amador González le dio un beso a Luz, su nueva mujer… Ese detalle aparentemente menor pasó inadvertido para todos los concurrentes al remate, que miraban al español y le levantaban el pulgar en señal de triunfo. Estrella, la yegua, estaba de su lado.
Pero ese beso, simple, fugaz, hasta de compromiso, removió las entrañas de Alessandro Totti, el italiano que se resignó a perder esta batalla de la guerra. “¿Por qué no ofreciste más, Totti?”. Brisa, despampanantemente bella, exageradamente superflua, especialmente codiciosa, resoplaba cierto enojo. Aless podía haber ofertado muchos miles más. Pero no. No quiso. Cierto misterio rondaba en su rostro.
Tal vez esperaba el próximo caballo. Aunque no imaginaba que ese simple beso podía costarle tan caro a su orgullo. El español y el italiano compiten en varias cosas: negocios, polo y mujeres. Compiten en la vida. Es una cuestión de sangre. De genes. De odios. Todo comenzó con una victoria de Totti en una semifinal de un torneo de mediano handicap. Hasta entonces, eran amigos y socios. Pero Amador no soportó ese pechazo yegua contra yegua que lo dejó fuera de la jugada, y el posterior toque corto al gol del italiano, con grito en la cara incluido. Lo confesó en una entrevista dos años después: “Muchas veces sueño con esa jugada. Es mi peor pesadilla”.
Ese día, en el palenque ganador, Luz saltaba y bamboleaba sus grandes pechos mientras festejaba el gol de la victoria.
Pero ese beso, simple, fugaz, hasta de compromiso, removió las entrañas de Alessandro Totti, el italiano que se resignó a perder esta batalla de la guerra. “¿Por qué no ofreciste más, Totti?”. Brisa, despampanantemente bella, exageradamente superflua, especialmente codiciosa, resoplaba cierto enojo. Aless podía haber ofertado muchos miles más. Pero no. No quiso. Cierto misterio rondaba en su rostro.
Tal vez esperaba el próximo caballo. Aunque no imaginaba que ese simple beso podía costarle tan caro a su orgullo. El español y el italiano compiten en varias cosas: negocios, polo y mujeres. Compiten en la vida. Es una cuestión de sangre. De genes. De odios. Todo comenzó con una victoria de Totti en una semifinal de un torneo de mediano handicap. Hasta entonces, eran amigos y socios. Pero Amador no soportó ese pechazo yegua contra yegua que lo dejó fuera de la jugada, y el posterior toque corto al gol del italiano, con grito en la cara incluido. Lo confesó en una entrevista dos años después: “Muchas veces sueño con esa jugada. Es mi peor pesadilla”.
Ese día, en el palenque ganador, Luz saltaba y bamboleaba sus grandes pechos mientras festejaba el gol de la victoria.
sábado, 18 de abril de 2009
Polo deshuesado, capítulo 1.
-¡50.000!
-¡55.000!
-¡60.000!
-¡65.000!
A la sucesión de gritos rabiosos y desaforados le siguió un silencio estruendoso. Algún pájaro osado se animó a piar levemente para quebrar la nada. Fueron unos segundos, no más de diez. Tal vez menos. Hasta que el rematador dejó el estupor que lo conmovía en todo su ser, como a todos, y se animó a seguir con su trabajo. “Señores, han ofrecido 65.000 dólares por Estrella, esta yegua que es hija del Sol y de la Luna, y que…”
-¡100.000!
Esta vez ni aquel valiente pájaro se atrevió a piar. Y el silencio, mucho más atronador, hasta podía tocarse. En una ráfaga de tiempo, había duplicado la oferta inicial por un caballo que todos sabían que no valía tal precio. Buena descendencia, interesante futuro, algunos buenos chukkers jugados en torneos medianos, pero de ninguna manera era un ejemplar valuable en seis cifras. Nunca.
Estaba claro: no era cuestión de dinero. A ninguno le interesaba el dinero. En realidad, a ninguno le interesaba el caballo. A los dos les interesaba lo mismo: la victoria. Todas, absolutamente todas las victorias. En la cancha, en el amor, en la vida… En ese remate. No, corrección. Era más que eso. Era ver derrotado al otro.
“¡100.000 dólares, señores! ¿Alguien puede superar esta fantástica oferta? ¿Escuché 105.000? ¿Alguien dijo 105.000?”.
Nadie dijo 105.000. Una sola persona podía decirlo, pero prefirió esperar el próximo caballo. O la próxima oportunidad que la vida y el polo le dieran para pasar de humillado a humillador. Ese era el juego y lo sabía. Ambos lo sabían. Se trataba de una guerra de muchas batallas. Demasiadas como para pensar en esa Estrella que no brillará en su cielo, ni en su palenque.
“Vendido al señor Juan Amador González en 100.000 dólares”. Amador apenas movió la comisura de sus labios. Sus enormes anteojos negros impedían apreciar el rostro transformado en triunfo. Le dio un suave beso a su nueva mujer, otra batalla ganada de su guerra personal, y escuchó la descripción del próximo caballo: “Ahora presentamos un excelente padrillo…”
-¡55.000!
-¡60.000!
-¡65.000!
A la sucesión de gritos rabiosos y desaforados le siguió un silencio estruendoso. Algún pájaro osado se animó a piar levemente para quebrar la nada. Fueron unos segundos, no más de diez. Tal vez menos. Hasta que el rematador dejó el estupor que lo conmovía en todo su ser, como a todos, y se animó a seguir con su trabajo. “Señores, han ofrecido 65.000 dólares por Estrella, esta yegua que es hija del Sol y de la Luna, y que…”
-¡100.000!
Esta vez ni aquel valiente pájaro se atrevió a piar. Y el silencio, mucho más atronador, hasta podía tocarse. En una ráfaga de tiempo, había duplicado la oferta inicial por un caballo que todos sabían que no valía tal precio. Buena descendencia, interesante futuro, algunos buenos chukkers jugados en torneos medianos, pero de ninguna manera era un ejemplar valuable en seis cifras. Nunca.
Estaba claro: no era cuestión de dinero. A ninguno le interesaba el dinero. En realidad, a ninguno le interesaba el caballo. A los dos les interesaba lo mismo: la victoria. Todas, absolutamente todas las victorias. En la cancha, en el amor, en la vida… En ese remate. No, corrección. Era más que eso. Era ver derrotado al otro.
“¡100.000 dólares, señores! ¿Alguien puede superar esta fantástica oferta? ¿Escuché 105.000? ¿Alguien dijo 105.000?”.
Nadie dijo 105.000. Una sola persona podía decirlo, pero prefirió esperar el próximo caballo. O la próxima oportunidad que la vida y el polo le dieran para pasar de humillado a humillador. Ese era el juego y lo sabía. Ambos lo sabían. Se trataba de una guerra de muchas batallas. Demasiadas como para pensar en esa Estrella que no brillará en su cielo, ni en su palenque.
“Vendido al señor Juan Amador González en 100.000 dólares”. Amador apenas movió la comisura de sus labios. Sus enormes anteojos negros impedían apreciar el rostro transformado en triunfo. Le dio un suave beso a su nueva mujer, otra batalla ganada de su guerra personal, y escuchó la descripción del próximo caballo: “Ahora presentamos un excelente padrillo…”
martes, 24 de marzo de 2009
Equinoterapia

Los polistas dicen que aman más a los caballos que al deporte. Y si se trata de caballos, y de amor, aquí va una excelente historia.
La utilización de ejercicios ecuestres con finalidades de reeducación psicomotora de los portadores de deficiencias no es un descubrimiento nuevo. Los antecedentes médicos entregan los siguientes datos:
HIPÓCRATES (458-377 AC): En su libro "LAS DIETAS", aconsejaba la equitación para “regenerar la salud y preservar el cuerpo humano de muchas dolencias y sobre todo en el tratamiento del insomnio”. Además de eso afirmaba que “ La equitación practicada al aire libre hace que los músculos mejoren su tono”.
ASCLEPIADES de PRUSIA (124-40 AC): También recomendaba el movimiento del caballo a pacientes gotosos, epilépticos, paralíticos, apopléticos, letárgicos y frenéticos.
GALENO (130–199 DC): Consolidador y divulgador de los conocimientos de la medicina occidental, médico personal del Emperador Marco Aurelio ( que era un poco lento en sus decisiones). Recomendaba la práctica de la equitación como una manera de que Marco se desempeñara con mayor rapidez.
MERKURIALIS (1569): En su obra “El Arte de la Gimnasia”, menciona una observación hecha por Galeno: "La equitación no solo ejercita el cuerpo, sino también los sentidos". El médico personal de la emperatriz María Teresa de Austria, que pertenecía a la primer escuela de medicina de Viena, afirmaba que las fibras musculares se tornaban menos excitables, practicando este deporte, razón por la cual disminuían los episodios de hipocondría y de histeria.
SAMUEL T. QUELMALZ (1697–1758): Médico de Leipzig, de Alemania, inventó en 1747, una maquina ecuestre demostrando como el problema del movimiento y los ejercicios físicos eran encarados por los médicos de la época. Esta máquina, era una especie de grúa que imitaba de la mejor manera posible los efectos inducidos por el movimiento ecuestre. En su obra “La salud a través de la equitación”, encontramos por primera vez una referencia al movimiento tridimensional del dorso del caballo.
GUSTAVO ZANDER (Sueco): Fisiatra en mecanoterapia fue el primero en afirmar que las vibraciones transmitidas al cerebro de 180 oscilaciones por minuto, estimulan el sistema nerviosos simpático. Zander comprobó esto, pero sin asociarlo al caballo. Casi cien años después el médico y profesor doctor Rieder (Suizo) jefe de la unidad neurológica de la Universidad Martín Luther de Alemania, midió estas vibraciones sobre el dorso del caballo al paso e increíblemente, corresponde exactamente a los valores que Zander había recomendado.
HOSPITAL UNIVERSITARIO DE OXFORD (1917): Fundó el primer grupo de Equinoterapia, para atender el gran numero de heridos de la primera guerra mundial, también con la idea fundamental de quebrar la monotonía del tratamiento.
LIZ HARTEL (Dinamarca 1952–56): A los 16 años fue atacada por una forma grave de poliomielitis al punto de no poder durante mucho tiempo trasladarse a no ser en silla de ruedas y luego con muletas. Ella practicaba equitación antes y contrariando a todos, continuo practicándola y ocho años después, en las olimpíadas de 1952 fue premiada con la medalla de plata en adiestramiento, compitiendo con los mejores jinetes del mundo, el público solo percibió su estado cuando bajo del caballo para subir al podio y tuvo que valerse de dos bastones canadienses. Esta hazaña fue repetida en las olimpiadas de Melbourne, en 1956. A partir de este hecho, este ejemplo de auto - terapia despertó en la clase médica empírica un interés por el programa de actividades ecuestres como medio terapéutico, tanto que en 1954 aparecía en Noruega el primer equipo interdisciplinario formado por una fisioterapeuta y su novio que era psicólogo e instructor de equitación. En 1956 fue creada la primera estructura asociativa en Inglaterra.
FRANCIA: La Reeducación ecuestre nació en 1965 como mencionan De Lubersac y La Llieri en la introducción a su manual titulado “ La Reeducación a través de la Equitación” (1973), si bien en 1963 esta ya fue utilizada empíricamente por Killilea en su libro “A Karen con amor”. En 1965 la Equinoterapia se torna una materia didáctica, en 1969 tiene lugar el primer trabajo científico de EQUINOTERAPIA en el Centro Hospitalario de la Universidad de Salpentire en París, en 1972 fue hecha la defensa de la primera tesis del doctorado en medicina sobre Reeducación Ecuestre en la Universidad de París, en Val-de-Marne.
La utilización de ejercicios ecuestres con finalidades de reeducación psicomotora de los portadores de deficiencias no es un descubrimiento nuevo. Los antecedentes médicos entregan los siguientes datos:
HIPÓCRATES (458-377 AC): En su libro "LAS DIETAS", aconsejaba la equitación para “regenerar la salud y preservar el cuerpo humano de muchas dolencias y sobre todo en el tratamiento del insomnio”. Además de eso afirmaba que “ La equitación practicada al aire libre hace que los músculos mejoren su tono”.
ASCLEPIADES de PRUSIA (124-40 AC): También recomendaba el movimiento del caballo a pacientes gotosos, epilépticos, paralíticos, apopléticos, letárgicos y frenéticos.
GALENO (130–199 DC): Consolidador y divulgador de los conocimientos de la medicina occidental, médico personal del Emperador Marco Aurelio ( que era un poco lento en sus decisiones). Recomendaba la práctica de la equitación como una manera de que Marco se desempeñara con mayor rapidez.
MERKURIALIS (1569): En su obra “El Arte de la Gimnasia”, menciona una observación hecha por Galeno: "La equitación no solo ejercita el cuerpo, sino también los sentidos". El médico personal de la emperatriz María Teresa de Austria, que pertenecía a la primer escuela de medicina de Viena, afirmaba que las fibras musculares se tornaban menos excitables, practicando este deporte, razón por la cual disminuían los episodios de hipocondría y de histeria.
SAMUEL T. QUELMALZ (1697–1758): Médico de Leipzig, de Alemania, inventó en 1747, una maquina ecuestre demostrando como el problema del movimiento y los ejercicios físicos eran encarados por los médicos de la época. Esta máquina, era una especie de grúa que imitaba de la mejor manera posible los efectos inducidos por el movimiento ecuestre. En su obra “La salud a través de la equitación”, encontramos por primera vez una referencia al movimiento tridimensional del dorso del caballo.
GUSTAVO ZANDER (Sueco): Fisiatra en mecanoterapia fue el primero en afirmar que las vibraciones transmitidas al cerebro de 180 oscilaciones por minuto, estimulan el sistema nerviosos simpático. Zander comprobó esto, pero sin asociarlo al caballo. Casi cien años después el médico y profesor doctor Rieder (Suizo) jefe de la unidad neurológica de la Universidad Martín Luther de Alemania, midió estas vibraciones sobre el dorso del caballo al paso e increíblemente, corresponde exactamente a los valores que Zander había recomendado.
HOSPITAL UNIVERSITARIO DE OXFORD (1917): Fundó el primer grupo de Equinoterapia, para atender el gran numero de heridos de la primera guerra mundial, también con la idea fundamental de quebrar la monotonía del tratamiento.
LIZ HARTEL (Dinamarca 1952–56): A los 16 años fue atacada por una forma grave de poliomielitis al punto de no poder durante mucho tiempo trasladarse a no ser en silla de ruedas y luego con muletas. Ella practicaba equitación antes y contrariando a todos, continuo practicándola y ocho años después, en las olimpíadas de 1952 fue premiada con la medalla de plata en adiestramiento, compitiendo con los mejores jinetes del mundo, el público solo percibió su estado cuando bajo del caballo para subir al podio y tuvo que valerse de dos bastones canadienses. Esta hazaña fue repetida en las olimpiadas de Melbourne, en 1956. A partir de este hecho, este ejemplo de auto - terapia despertó en la clase médica empírica un interés por el programa de actividades ecuestres como medio terapéutico, tanto que en 1954 aparecía en Noruega el primer equipo interdisciplinario formado por una fisioterapeuta y su novio que era psicólogo e instructor de equitación. En 1956 fue creada la primera estructura asociativa en Inglaterra.
FRANCIA: La Reeducación ecuestre nació en 1965 como mencionan De Lubersac y La Llieri en la introducción a su manual titulado “ La Reeducación a través de la Equitación” (1973), si bien en 1963 esta ya fue utilizada empíricamente por Killilea en su libro “A Karen con amor”. En 1965 la Equinoterapia se torna una materia didáctica, en 1969 tiene lugar el primer trabajo científico de EQUINOTERAPIA en el Centro Hospitalario de la Universidad de Salpentire en París, en 1972 fue hecha la defensa de la primera tesis del doctorado en medicina sobre Reeducación Ecuestre en la Universidad de París, en Val-de-Marne.
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